Marcela's profilePor la Cruz y la Muerte ...PhotosBlog Tools Help

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    Trabajo en equipo

    Cuentan que en la carpintería hubo una extraña asamblea, una reunión de herramientas para arreglar diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea protestó porque se pasaba el tiempo
    haciendo ruido. El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había quedarle demasiadas vueltas para que sirviera. El tornillo aceptó el ataque pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si fuera el único perfecto.
    En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su tarea.
    Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera se convirtió en un hermoso mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho dijo: "Señores, ha quedado demostrado
    que tenemos defectos pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Esto es lo que nos hace valiosos. Dejemos de lado nuestras fallas y concentrémonos en la utilidad de nuestro méritos."
    La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte y el tornillo une, la lija pule asperezas, el metro es preciso. Entonces se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad. Esta nueva
    mirada los hizo sentir orgullosos de sus fortalezas y de la oportunidad de trabajar juntos."

    Bernardo Stamateas

    Consuelo

    Bendito seas Dios,
    Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo.
    Él nos consuela en todas nuestras luchas,
    para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación,
    mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.  2Co 1,3-4

    Resurreción

    "Después de la Cruz y la muerte, la Resurreción.
     Después de la purificción del pecado,
    después de vencer las tentaciones,
    las dificultades, los enemigos,
    después de negarse a sí mismo a través de la ofrenda,
    comienza una vida pura y luminosa
    de poder y libertad, de Plenitud y de Felicidad."

    Elevación a la Santísima Trinidad

     

    ¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro!...

    Pacifica mi alma; haz de ella tu cielo,

    tu morada predilecta, el lugar de tu descanso.

    Que nunca te deje allí solo,

    sino que permanezca totalmente con Vos,

    vigilante en mi fe, en completa adoración

    y entrega absoluta a tu acción creadora.

     

    Sor Isabel De La Trinidad

     

    Bondad de Dios

     

     

    "¿Sabes cuáles son las almas que gozan más de mi Bondad?,

     le dijo Nuestro Señor. Son las que confían más en Mí.

     Las almas confiadas arrebatan mis gracias.

    Yo soy todo Amor

    y la mayor pena que pueden dar a mi Corazón

    es dudar de mi Bondad”

     

     Santa Teresa de los Andes.

    UN CONTRABANDO EN EL CIELO

     

     

    UN CONTRABANDO  EN EL CIELO
    por Eusebio Robledo

     

     

    Haciendo Dios un día
    la visita en el cielo acostumbrada,
    notó que cierta gente no tenía
    una faz suficientemente pura,
    y que se hallaba como avergonzada
    con esas almas de inefable albura.

    A San Pedro -se dijo- qué le pasa?
    Tal vez su edad no escasa
    el carácter le habrá debilitado;
    preciso es sermonearle al descuidado
    guardián; que se le llame. . . Y al instante
    en raudo y limpio vuelo,
    un ángel fue y hallólo bien sentado,
    y con el ojo alerta,
    muy tranquilo en el suelo,
    al lado de la puerta:

    "Yo vengo, San Pedro a reemplazarlo
    un momento siquiera,
    pues el buen Dios lo quiere interrogar''.
    Y San Pedro corrió, y con severa
    actitud, el Señor lo reprendió
    diciéndole: "No, no!
    esto no puede ser, tú estás dejando
    entrar gente manchada
    a esta mi pura celestial morada".

    "Me confundes, buen Dios", respondió Pedro,
    "pues yo vivo en la puerta siempre en vela,
    como perenne y listo centinela,
    y a pesar de mi edad tan avanzada,
    no se me pasa, por descuido nada;
    créeme, buen Señor; no soy culpable,
    pues yo soy en mi puesto inexorable,
    y ningún muerto ha entrado a esa corte
    sin traer el debido pasaporte".

    "Cálmate", dijo Dios; "probablemente
    se nos está engañando. Mira abajo,
    ¿conoces esa gente?"
    "Oh mi buen Dios, te digo francamente:
    Jamás por mí fue vista,
    que no están en mi lista,
    que no son en verdad de nuestro bando;
    y que indudablemente
    aquí se me está haciendo contrabando;
    pero yo te prometo, buen Señor,
    coger pronto al traidor;
    y de no, con dolor del alma mía ,
    te renuncio, Señor, a la portería".


    San Pedro echó después con gran cuidado
    mil vueltas a las varias cerraduras,
    y cuando estuvo bien asegurado
    de que no había rendija ni aberturas
    por donde penetrar pudiera un alma;
    y estando ya la noche un poco entrada
    se sentó en plena calma
    a vigilar la celestial portada.


    Más, ¡oh gran maravilla! De repente
    y sin saber por dónde, cómo y cuándo
    vio que una intrusa gente
    al cielo y de rondón se iba colando.
    San Pedro entonces, inmediatamente
    mandó llamar a Dios para que viera
    lo que estaba pasando,
    y cuando hubo llegado, el buen portero
    le hizo señas a Dios que se escondiera
    allí, sin hacer ruido y que tuviera
    oído agudo y ojo muy certero.


    Y qué cuadro el que vieron, ¡admirable!
    Por fuera del recinto habían quedado
    muchas almas que Pedro, inexorable,
    había en su puerta rechazado
    porque no habían traído al paso
    el pasaporte íntegro y cumplido
    y esas almas tan tristes exhalaban
    tan amargos gemidos
    y quejas de tan gran melancolía,
    que la Virgen María,
    de ellas compadecida y no sufriendo
    que en vano así esa gente la implorara,
    a los muros del cielo se subía
    y desde allí, creyendo
    que por la noche nadie la veía,
    uno a uno iba alzando
    con intensa alegría,
    haciendo así a San Pedro contrabando.

    Como San Pedro ya se vio triunfante,
    probada su inocencia,
    al buen Señor le dijo muy campante:
    "Al menos le hará Usted una advertencia!"
    Más el buen Dios que había reconocido
    de los muros del cielo, allá en la altura
    a su Madre, tan dulce, pura y bella,
    le respondió con sin igual dulzura:
    "Para qué? Tú sabes cómo es Ella!"